La Sociedad Fóbica



Ansiedad y angustia contemporáneas. 


 En la sociedad actual (globalizada y posmoderna),  los hombres estamos inmersos en un  proceso de cambio profundo, lo que provoca incertidumbre, miedo y desconcierto. Estos sentimientos se actualizan y generan variadas respuestas, algunas adecuadas y acordes  al fin y otras desajustadas. En casos extremos, estas respuestas desencadenan patologías que ponen en riesgo la integración del hombre como unidad biopsicosocial, pudiendo conducir, incluso, a la muerte.
En los inicios del siglo XXI el conjunto de la sociedad se presenta  atravesado por ansiedades, desórdenes psicosomáticos y angustias individuales y sociales, el trastorno vinculado a las fobias que define a la época, es el llamado ataque de pánico. Sus síntomas son un símbolo de una era: vértigo, palpitaciones, terror, sensación de falta de control y de irrealidad. Son síntomas que indican una desestabilización del sentido mismo de la vida; como un sistema que implosiona y se desmorona, análoga al vértigo de las organizaciones sociales actuales, frágiles y sin lazo social duradero, sólido.

Una descripción sucinta de  las características de los  algunos de los síntomas fóbicos que la sociedad actual provoca sobre la subjetividad.

  • En la fobia y en ataque de pánico, la ansiedad es el componente central,  que esta ligada a una idea, objeto o situación específica que no constituye un peligro real
  •  Esta ansiedad es desproporcionada frente a la situación real y no está justificada por el estímulo que la provoca.
  • Quien lo padece es completamente conciente de la irracionalidad de su acción.

Desde la psicología y psiquiatría se establece que la fobia se caracteriza por la aparición de miedo en relación a personas, objetos, situaciones que no puede ser modificado ni por el razonamiento ni por la voluntad y que lleva a conductas de evitación por lo que el universo de la persona se reduce paulatinamente hasta quedar aislada, moviéndose solo en espacios seguros, conocidos y familiares por lo que el nivel de angustia crece junto con la ansiedad.


La posmodernidad surge como cuestionamiento de los valores impuestos por la modernidad pero termina por  arrasar todo valor, con lo cual todo esta permitido, todo vale, porque nada vale.
Nuestra época impone el predominio de sentimientos como la superficialidad, el desencanto, el pesimismo, el descreimiento en proyectos, el eficientismo, la satisfacción inmediata.
La subjetividad queda así abolida  siendo el "sin límite" (que vemos repetir incesamente en las publicidades)  la modalidad de nuestro tiempo y agregamos que la globalización impone una igualación pero a partir del consumo por lo que toda organización social queda sometida a las leyes del mercado, en el que los valores imperantes son el éxito, la eficacia y el utilitarismo.
Desde los medios masivos de comunicación se ofrecen soluciones rápidas a una voracidad de  querer todo ya, sin dilación, sin espera,  lo cual genera la desaparición de todo espacio abierto a la interrogación, a la duda, a la vacilación y esto no hace mas que  acrecentar  la angustia y la desazón


El filósofo que vino del frío. Autor: Alfredo Grieco y Bavio

El Artículo original salió en Página/12 en Diciembre de 1999 y está escrito por Alfredo Grieco y Bavio. Cuando lo leí me impresionó y no pude ubicarlo hasta ahora, por temor a perderlo lo copio aquí.



Era sobrino de Kandinsky, especialista en Hegel y en textos
sánscritos, libertino y ex víctima de la policía secreta leninista. Entre 1933 y 1939 dictó un seminario al que iban Breton, Lacan, Bataille, Merleau-Ponty, Aron, Caillois y Klossowski. Cuando murió, en 1968, Lacan se coló en su departamento y se apoderó de sus anotaciones. Este año se supo que, además, fue espía para Moscú durante treinta años. Conozca a Alexander Vladimirovich Kojevnikov, mejor conocido como Kojève.


Imaginemos que un autor secreto (1902-1968) haya influido de manera subrepticia, pero determinante en el pensamiento occidental de los últimos tres cuartos de siglo. Imaginemos que ese mismo autor, convertido en funcionario público, haya anticipado y preparado la Unión Europea, el euro e inclusive el tratado de Defensa Europeo firmado hace una semana (la venganza de Bruselas y Estrasburgo sobre Washington). Imaginemos además que haya promovido la Caída del Muro y suscitado las (discutibles) tesis sobre el fin de la historia. Y que, durante todo ese tiempo, haya sido un espía de la KGB soviética. Todas las condiciones anteriores se encuentran reunidas en la figura de Alexander Vladimirovich Kojevnikov, mejor conocido bajo la forma afrancesada de su nombre: Alexandre Kojève.

PROFESOR, FUNCIONARIO, SUPERAGENTE

El influjo de Kojève sobre el pensamiento continental europeo (después hegemónico también en Angloamérica, ya perdida de vista la galaxia analítica) ha sido debidamente reconocido, aunque nunca estudiado hasta sus consecuencias últimas. Kojève tiene su biografía oficial en las canónicas 500 páginas redactadas por Dominique Auffret (1990) y sus numerosos textos inéditos empiezan a salir a la luz. En la Argentina, el siempre alerta Juan José Sebreli tradujo su obra más influyente, Introducción a la lectura de Hegel, e inclusive compuso otro libro con la reseña que un vietnamita muerto por el Vietcong, Tran Duc Thao, había publicado sobre el Hegel de Kojève en Les Temps Modernes, la revista de Jean-Paul Sartre. De Leo Strauss a Allan Bloom, el reconocimiento de las deudas es unánime. Sin embargo, éstas era aun mayores de lo que muchos gustaban conceder.
En el verano de 1989, en la revista The National Interest apareció uno de los artículos más debatidos en la entera década siguiente, “The End of History?”. Como lo admitió su autor Francis Fukuyama, un funcionario de Washington desconocido hasta entonces, este ensayo no era más que el desarrollo de una nota al pie que Kojève había agregado a su Introducción después de un viaje a Japón en 1968. Fukuyama conoció el enaltecimiento y el escarnio, dos formas complementarias de su fama. Diez años después, el artículo sigue debatiéndose, y la revista The National Interest le dedicó un número especial en este año que acaba.
Las referencias intelectuales y los cumplidos de los europolíticos no conocen interrupciones. Todos ellos coinciden en la inaprensible multiplicidad de aspectos de “Lula”, el diminutivo ruso de este filósofo sobrino de Vasily Kandinsky (el Centro Pompidou atesora su correspondencia con el pintor abstracto), formado en Alemania pero de inserción primero parisina y luego europea. Especialista en física, libertino, marxista de derecha, tecnócrata de Bruselas, erudito conocedor de textos sánscritos, versado en chino y tibetano, corresponsal de Schmitt, Gadamer, Jaspers, Löwith, ex víctima de la Cheka (policía secreta leninista), gaullista, impulsor de la moneda europea, fundador y signatario del GATT (ese acuerdo de comercio que tuvo su penúltimo desenlace en la televisada batalla de Seattle del 30 de noviembre pasado contra la globalización). Todos estos títulos verdaderos y contradictorios –aducidos por quienes a veces deploraban que no se especializara, que no ostentara un diploma universitario– anticipaban la última revelación: Kojève espió durante treinta años para Moscú. La noticia quizá sorprenda menos si se atiende a la tradicional firmeza de la alianza diplomática franco-rusa y al común antinorteamericanismo a ultranza: un rasgo del católico general De Gaulle heredado por el gaullista Jacques Chirac, actual presidente de Francia.
Dos fuentes revelaron este año las actividades ocultas de Kojève: el servicio de contraespionaje francés (DST) y el voluminoso Archivo Vasili Mitrojin –publicado este año, con el nombre de un ex archivero de la KGB-, que ya provocó un escándalo político en Italia por la ayuda de la inteligencia soviética a las Brigadas Rojas y al PCI, entre otras primicias. El relato de las sucesivas revelaciones sobre la Guerra Fría producidas desde el fin del comunismo en Europa del Este generalmente puede reducirse a la máxima de Henry Kissinger: Hasta los paranoicos tienen enemigos. De los enemigos de Kissinger, la KGB ha sido el primero en difundir (hay que decir que muy selectivamente) esas revelaciones: las pruebas de cuán bien hicieron las cosas, sin que la CIA se enterara.

EL AMO Y LOS ESCLAVOS

Todavía hoy muchos se preguntan qué pasaba en ese seminario que se reunía todos los lunes, a las cinco y media de la tarde, en la Ecole Practique des Hautes Etudes, entre 1933 y 1939. El profesor era Kojève, un alumno de Alexandre Koyré (otro filósofo ruso emigrado) al que sucedía en la quinta sección de la Ecole. “Intérprete” –no “comentarista”– de Hegel, en particular de la Fenomenología del Espíritu, Kojève aceptó que una parte de aquellas clases conformaran su Introducción a la lectura de Hegel (1947), reunidas por uno de los asistentes, el matemático Raymond Queneau (autor de Zazie en el Metro y otras novelas donde el habla de París aparecería por primera vez sin maquillaje). Los otros asistentes se llamaban André Breton, Jacques Lacan (que le robó la idea del Seminario como modo de transmisión de una enseñanza, donde el que fija el texto no es quien habló: las palabras quedan, los escritos vuelan), Raymond Aron, Georges Bataille, Roger Caillois (después emigrado a la Argentina), Maurice Merleau-Ponty, Eric Weil, Pierre Klossowski, Gaston Fessard, Jean Hyppolite (que, durante la ocupación nazi de Francia, traducirá la Fenomenología, escrita bajo la invasión napoleónica a Alemania). Otros, como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, se anoticiaban indirectamente de qué había pasado en el Seminario. Allí, los asistentes escuchaban una interpretación marxista y atea de Hegel, centrada en la satisfacción del deseo antropógeno de reconocimiento, en la lucha a muerte entre el amo y el esclavo, en el pasaje de la filosofía del “yo pienso” cartesiano al “yo deseo”. Y allí se reconocían marxistas, surrealistas, fenomenólogos, existencialistas, el primer lacaniano –que unirá psicoanálisis y estructuralismo–, y otros pensadores independientes.

EL FIN DE LA HISTORIA

En mayo de 1968, un angustiado Raymond Aron llamó por teléfono a Kojève. Éste lo tranquilizó: el movimiento estudiantil es un simulacro de revolución. Días después, el 4 de junio, Kojève muere en Bruselas, de una crisis cardíaca durante una reunión del Mercado Común Europeo. Mientras tanto, en París, Lacan irrumpe en el domicilio del filósofo, para apoderarse del ejemplar de la Fenomenología con anotaciones manuscritas. Dominique Auffret especula que también se habría llevado un original sobre Hegel y Freud. Entretanto, en Yasenevo, el cuartel general de la KGB en el exterior, un agente habría sido dado de baja. Allí estaban los documentos que ningún Lacan podía arrebatar, y que permitirán escribir la necrológica tan esencialmente incompleta en 1968

El testimonio del amor

"Ahora que he perdido todo:  el  restaurante y los dos hoteles que tuvo mi familia desde hace mas de 60 años, ahora que tengo que ir a comer a casa de algún amigo... Ud. me dirá que estoy loco, pero no es eso por lo que vengo, no vengo a quejarme de mi ruina. No crea que no necesito dinero, pero no haría lo mismo que hice de joven para tenerlo... cuanto tiempo perdí. De algún modo lamento que no me sucedió antes, esto de perderlo todo. Me hubiera hecho bien, sabe...el problema es que ahora sufro por amor. Por eso vengo a verlo, porque necesito entender, por que siento este vacío que ella me deja en el corazón cuando se va. Me duele mas que el infarto que me agarró cuando me quedé en la calle. Se me va la respiración, sabe, como su tuviera asma, cuando todos los domingos desde la estación de colectivos, la veo alejarse y me quedo cinco días sin ella.
Ud. pensará que perdí el juicio, pero este dolor que tengo ahora, me hace sentir un ser humano. Cuando me infarté no tuve miedo de morir, había perdido todo... pero cuando  la conocí y empezamos a salir, me dio un miedo de morirme..., a no verla. A mi la crisis y la ruina me salvaron la vida. Yo le cuento esto porque quiero que alguien sepa, que alguien me escuche... un testigo de mi amor, eso vengo a buscar, licenciado."

En mi pueblo natal, allá por el año 2001, mi primer paciente me habló del dolor del  amor como auténtico y de su descubrimiento: nada vale la pena si no se ama, si desterramos y suplantamos al Otro del amor por objetos, cositas, que nos distraen, que nos alejan de la vida. También, claro, se parece a una letra de tango, por suerte.


Anorexia - Bulimia o como preservar el deseo

Existe un primer tiempo de euforia, de fuerza de voluntad infinita, de triunfo sobre el hambre (sobre la pulsión). Existe un tiempo segundo de fracaso, fractura y culpa.
En el primer tiempo, la jóven tiene todo bajo control y sueña con ser solo un cuerpo sin sexo, puro hueso; es el tiempo en el que el Ideal domina la pulsión y no es necesario mas nada. Es la luna de miel anoréxica.
En el segundo tiempo todo se derrumba y la furia pulsional, el hambre de cualquier cosa irrumpe sin ningún reparo, los diques han cedido, solo queda esperar el momento de la expulsión, del vómito.
Incorporar comida sin gustar nada, sin distinguir sabores, revela la vana intención de engullir sin freno para  fusionarse con el objeto, con el "objeto mítico de satisfacción". Volver a ese estado de unidad que caracteriza la relación, en los primeros momentos, del hijo con la madre. Ser Uno, sin fallas, sin marcas, sin castración.

La bulimia refleja la maniobra de incorporación sin medida de un objeto (comida) que tiene que llenar, tapar, suturar el estómago convertido en bolsa, en agujero. Maniobra favorecida por la disponibilidad constante y asfixiante de objetos que se ofrecen como sustitutos de ser, que cubrirían la falta estructural del ser humano, esa falta necesaria para buscar, para moverse, para salir de la relación pegajosa con la madre. Esa falta que es el origen del deseo, en tanto nos permite caminar, crear, respirar es evitada a toda costa y se la convierte (a la falta) en un vacío insondable que se debe obturar con comida, para que nada "falte".

La anorexia es otra forma  particular de tratar la falta (origen del deseo): aplastamiento del insitinto primario de supervivencia  (hambre) , dominio, fuerza de voluntad para controlar la pulsión. Es el  tiempo de la fortaleza, del goce de la fuerza y control , nada le falta, pues nada necesita del otro. La castración, la necesidad del otro,  viene asi cancelada a través de una idealización estética del cuerpo delgado, el ideal de la imagen cubre la falta hasta hacer de la renuncia un goce ("nada necesito pues puedo dominar hasta el hambre"). Defenderse de la pulsión, no comer o "comer nada" se convierte en una modalidad de goce, de satisfacción mortífera.
Por otro lado en la bulimia,  llenar el cuerpo de comida, llenar el cuerpo hasta que no "falte" nada, hasta que no quede mas espacio, hasta el vómito liberador, es otra modalidad de goce mortífero.
Maniobras desesperadas para conservar algo del deseo, algo del estatuto del deseo, para no reducir todo a una mera necesidad, a una satisfacción de necesidades, eso es en esencia lo que significa anorexia y bulimia.  Una señal para el otro, para que vea como desaparece, para cavar un agujero en el otro: ¿Puedes soportar perderme?

Pero lo que en definitiva revelan las anorexias es que el "no" de no comer es una defensa, una barrera protectora, un muro que intenta de manera bizarra y destructiva preservar el propio deseo.
El "no" anorexico es una separación, un límite que se coloca entre el yo y el otro.
"Esto soy yo y no tienes acceso a mi, no me puedes doblegar. No necesito tu comida, necesito tu amor"
Es este "no"  una maniobra de preservación desesperada del deseo.  De un deseo propio, sin contaminación del otro. Es un "no" que tiene que ser leído  como la expresión de una búsqueda desesperada de obtener del otro el amor, es decir: "que el otro dé aquello que no tiene".

Ver también: "La vida como un espectáculo y nada más" Anorexia Bulimia en tiempos del Reality Show

Límites, pulsiones y deseo.



El cachorro humano que al nacer es esencialmente un ser instintivo va modelando su Yo en base a lo que los padres o quienes lo reciban en este mundo hagan con él y a su vez estos padres viven una cultura determinada, una sociedad específica, un tiempo singular.

El cachorro de hombre se “humaniza” gracias al contacto con los otros seres humanos que le hablan y le dan amor y contención. No existe en el equipaje genético del hombre el código de funcionamiento, el manual de uso, sino una serie de instintos que lo ayudarán a sobrevivir. Como por ejemplo el reflejo instintivo de succión.
Pero en el hombre no basta el instinto para convertirse en “ser humano” es decir para adquirir la capacidad simbólica que nos diferencia (junto con la Ley de prohibición del incesto) de cualquier animal. Es necesario que otro ser humano esté ahí para recibirlo.

Como ejemplo de lo anterior basta recordar el hallazgo en 1799 de “Víctor de Aveyron” mas conocido como “El salvaje de Aveyron”, quien sobrevivió en el bosque sin contacto con el hombre, y no llegó nunca a utilizar el lenguaje simbólico (aunque luego de su hallazgo fue cuidado por un científico que se dedicó exclusivamente a su educación) , perdiendo una de las características esenciales del ser humano.

La importancia fundamental de la sociedad, de la familia se hace evidente y podríamos entonces preguntarnos: ¿ De que manera se hace el ingreso a la sociedad, que mecanismo está en su base?
Sin dudas el mecanismo esencial es aquel que permite usar la energía del instinto o pulsión para otro fin que no sea la descarga directa e inmediata. De lo contrario, si no hubiera renuncia nos hubiéramos quedado todos atrapados para siempre en el instinto de succión (no valen ejemplos de adultos que aún no se pueden despegar de sus madres!!!).
La renuncia permite el control de esfínteres, la renuncia permite que se pueda dibujar en la hoja de papel y no eternamente manchar paredes. La renuncia permite estar alejado de mamá e ir a la guardería. La renuncia en definitiva permite la concreción del deseo porque el mismo mecanismo se pone en marcha cuando queremos hacer algo que nos apasiona.
Para ser un buen carpintero hay que tomar clases o aprender de un maestro y quizás levantarse temprano y quién sabe cuantas cosas mas. Pero estamos dispuestos a renunciar al sueño por ir a casa del “maestro carpintero” porque queremos aprender y así con todo.
Este tipo de renuncia se llama en psicoanálisis “sublimación” es decir que usamos la energía del instinto o pulsión para otro fin que no es su descarga inmediata. Podemos diferir esta descarga para obtener algo que deseamos, dando un rodeo. ¿Quién no ha hecho sacrificios para obtener algo que es su deseo? El joven que quiere ser futbolista no puede salir al igual que sus compañeros de escuela porque tiene que entrenar, la satisfacción de la salida se posterga y en compensación tendrá mejor rendimiento en aquello que él identifica como su deseo. Y cuando finalmente juegue en el equipo de sus sueños tendrá la compensación por todas las salidas que no pudo hacer...

Eso que funciona de imán del deseo lo podemos llamar Ideal. Este primer ideal, el niño lo identifica a sus figuras parentales al inicio, luego introducirá otras (maestros, compañeros mas grandes etc) y este Ideal que encarnan los padres es un modelo al cual el niño tiende, se identifica y da sentido a la renuncia de la satisfacción inmediata de la pulsión.
“Quiero ser como papá, él sabe como son las cosas, él me guiará...”

El Ideal permite al niño caminar, modificarse, intentar mejorar. Es lo que podríamos llamar la puerta del deseo. El Ideal hace que el niño quiera ir hacia él y esté dispuesto a renunciar a la descarga inmediata porque es el padre quien por medio del limite indica el terreno de juego.
Es decir: el niño coloca al padre en el lugar del ideal, este introduce las leyes de funcionamiento, le enseña que para poder jugar al fútbol, no se puede salir del terreno, que no se puede tocar la pelota con la mano, que los goles se hacen en la portería opuesta etc...
Y el niño accede a este universo de reglas porque quiere jugar, y quiere jugar porque existe este Ideal al cual él tiende que funciona de atracción, de modelo y al mismo tiempo, este Ideal transmite reglas, normas y limites que son además las condiciones para el ingreso y el funcionamiento social.

Instintos o pulsiones – Renuncia – Ideal ( limites, normas, reglas) – Compensación.

La pulsión para llegar a su fin y obtener una compensación tiene que hacer un recorrido y no descargarse inmediatamente.
Ejemplo: manchar con colores las paredes que poquito a poco va limitándose a la hoja y luego adquiere forma y luego se aprende a combinar colores y así hasta llegar al dibujo “Ideal”. El proceso implica un saber limitarse y orientar la pulsión que al inicio exigía manchar las paredes y nada mas.

¿Que sucede entonces cuando son los padres los que han descuidad su propio deseo?. Un padre para ocuparse bien de su hijo primero necesita ocuparse de él mismo, centrar el deseo, moverse en su carretera, caminar su sendero. Apasionarse y hacer que su hijo también se apasione. Transmitir la Ley del Deseo.
Solo un padre que se ocupa de él en primer lugar, de orientar su vida en el deseo es capaz de poner límites a su hijo. Límites que sirvan al deseo y eso implica hacer que su hijo participe de la sociedad en modo fructífero, eficaz.

Los límites y el deseo








La educación en el seno familiar es uno de los problemas mas importantes de nuestros días. Uno de los mas urgentes, que podemos ubicar dentro de una crisis generalizada de la educación. La familia no es la excepción.
 ¿Pero de que manera es posible educar si el discurso socialmente dominante, si el imperativo categórico es “Goza, ya mismo y sin límites!?. Imperativo perverso porque el goce lo coloca en relación exclusiva y obligatoria con el objeto, con las cosas, no con lo humano o la naturaleza, sino que son los gadget, las cosillas, la promesa de realización de una satisfacción totalizante y sin esperas.
¿De que manera puede la familia educar si debe enfrentarse al empuje al consumo, a la evitación constante de la renuncia y a la promesa de felicidad eterna que el mercado ofrece y exige.?
¿Como puede la familia educar si todo apunta a evitar la castración, el esfuerzo y se hace énfasis en una moral hiperedonista, de satisfacción total.?

Podríamos decir que la dificultad educativa presenta dos caras: una en relación a los límites y otra al deseo.
  La primera se relaciona con la dificultad en asumir la responsabilidad de la diferencia generacional que debe introducir el límite, la interdicción. Desde siempre fueron las generaciones adultas las que transmitían valores y principios a las nuevas, las que establecían puntos de referencia, las que ejercían la función de autoridad y por ende establecían limites. Desde siempre también las generaciones nuevas han puesto en jaque estos valores estos límites y los modificaban, los articulaban con las nuevas necesidades y con la configuración particular de las exigencias de esta nueva generación. Se establecía así un juego que se ha propagado por los siglos de los siglos.
Hoy las generaciones adultas no saben de que manera trazar a las generaciones mas nuevas los límites del campo de juego y es así que en la clínica se ven cada vez mas patologías que evidencian “pasajes al acto” “cortes en el cuerpo” “anorexias – bulimias” ...
Y la otra dificultad se presenta complementaria a la anterior como dificultad transmitir la fe en el porvenir, el deseo como fe en el futuro.
 La única posibilidad de asumir la vida con responsabilidad (del deseo) reside en la posibilidad de obtener un futuro posible. Si hoy el porvenir es presentado como una catástrofe inminente es claro que ningún hijo querrá crecer y tomar la vida en sus manos porque no hay nada mas allá que valga la pena. ¿Por que debería un joven renunciar a la satisfacción inmediata de la pulsión si el futuro se percibe como una amenaza? Es preferible gozar de todos los objetos disponibles (objetos estimulantes inmediatos, accesibles y siempre a la mano) antes que entablar un diálogo con el deseo que es radicalmente diferente a “las ganas”, a la inmediatez y al goce sin dilación.
Y este deseo está contenido en el inconsciente que insiste todo el tiempo en hacerse escuchar y se manifiesta en los síntomas, en los actos fallidos, en los lapsus, en los sueños.
Unificar deseo y ley es la tarea insoslayable de la educación, retroceder ante ella es anular el rasgo que nos diferencia, que nos hace únicos. Y esa particularidad es la que pide ser reconocida y valorada. Hoy la serie y el uniforme ocupan ese lugar desplazando al inconsciente y con ello el imperio del dominio, del control, del saber técnico se impone como única verdad.
En esa tarea estamos quienes defendemos la experiencia de lo nuevo, de la creación y del trabajo cotidiano contra el avance sin precedentes de un discurso perverso que enuncia la victoria del objeto sobre el hombre y proclama sin tapujos una felicidad efímera ante un futuro amenazante y del cual debemos defendernos. Para  la mayoría de las familias educar es "armar" a los hijos para que salgan a combatir al mercado. Y así todo se vuelve objeto de un mercantilismo obsceno que aplasta el deseo y con ello la vida que se vuelve cada vez mas un simulacro espectacular.

Sin embargo límite y deseo van de la mano, se constituyen uno y otro como elementos indisociados que funcionan de camino y guía para los mas jóvenes. He ahí nuestro compromiso, nuestro reto frente a las nuevas generaciones. 

En el nombre del hijo




"¿Dónde han ido a parar los padres? ¿En que mar se han perdido? ...  Si el Complejo Edípico freudiano giraba alrededor de la compleja dinámica del conflicto entre generaciones, entre padres e hijos, lo que podemos llamar complejo de
 Telémaco define la "espera de los hijos en relación al padre, la esperanza de que algo pueda aún hacer y ser "padre "...

 

Massimo Recalcati,  en este artículo del 12 de Julio de 2011 publicado en el diario italiano La Repubblica, con su estilo exquisito, riguroso y prístino nos habla de Telémaco, el hijo que mira al mar, buscando y esperando al padre. Metáfora actual de la búsqueda de puntos de referencia por parte de los niños, de los adolescentes, de los jóvenes. La evaporación de padre, de un padre que sepa trasmitir la unidad entre deseo y  deber, deja el espacio a la espera, a la mirada de esperanza representada en la figura de Telémaco.
   Imposible resumir o sintetizar un texto preciso como el de Recalcati.
   Lo pueden descargar aqui en español.


La traducción es de Google, con algunos retoques de mi parte para su mejor comprensión, no está revisada ni autorizada por el autor, pero lo considero un texto valioso y único que quiero compartir en castellano.